A2022

Bagergue

Hoy nos vamos a visitar Bagergue, uno de esos pueblos pirenaicos que destilan por sí mismos un especial encanto. Ubicado en pleno Valle de Arán, esta pequeña localidad catalana forma parte desde 2019 de la lista de los “Pueblos más bonitos de España” y ese fue suficiente motivo para despertar nuestro interés por él. Y no nos defraudó en absoluto.

Enclavado a 1.419 metros de altitud tiene el privilegio de ser el pueblo habitado más alto de todo el Valle de Arán. Se encuentra rodeado de extensos pastos y bosques a través de los cuales discurre el río Unhola, cuyas aguas fluyen ágilmente montaña abajo hasta alcanzar, a la altura de Salardú, las del río Garona, al cual alimenta para, tras cruzar todo el valle de Arán, la frontera del país galo y recorrer territorio francés, acabar desembocando en el Océano Atlántico después de un trayecto de más de 568 kilómetros.

Estacionamos nuestro vehículo en el aparcamiento público situado en la parte inferior del pueblo. Tras ascender por unas escaleras que conectan dicho espacio con la plaza Planhèra nos encontramos frente a la Iglesia parroquial de San Félix, construcción que es icono de este lugar y espacio desde donde iniciamos nuestro recorrido por el pueblo.

Esta edificación religiosa es una construcción románica del siglo XII-XIII que sufrió modificaciones en el siglo XVI que afectaron a su ábside original semicircular que quedó sustituido por un presbiterio cuadrado. El conjunto se amplió en el siglo XVIII con la creación de dos capillas, una a cada lado de la nave principal que confiere a su planta su tradicional forma basilical tan propia de multitud de iglesias. También se construyó la sacristía, así como el campanario actual, que aun partiendo de una base cuadrada se transforma y se eleva convertido ya en estructura octogonal hasta alcanzar ocho ventanales que, ubicados en su parte superior, dan paso a un coronamiento formado por un capitel con estructura piramidal culminada por una cruz cristiana.

En su interior se encuentra uno de esos Cristos crucificados que denota el tránsito del románico al gótico con un rostro donde se refleja el sufrimiento explícito fruto del naturalismo de la época. También se puede observar una réplica de la Cruz de Bagergue, una cruz policromada románica cuyo original, para evitar su expolio, se trasladó al Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC). También destaca el aprovechamiento de una estela funeraria prerrománica a modo de altar.

Vueltos al exterior nos adentramos, pendiente arriba, en su núcleo histórico a través de su adoquinada calle Mayor, disfrutando de sus bellas casas de estilo aranés fabricadas con piedra, madera y negra pizarra donde destacan jardineras y balcones con multitud de ornamentación floral que engalanan de natural colorido todo el espacio, lo que le ha hecho ser identificado este núcleo de población como “Vila Florida” (villa florida), una distinción dada a aquellas localidades que se distinguen por disponer de ese toque floral en sus rincones urbanos.

A pesar de tener una población censada de apenas unos cien habitantes no resulta extraño escuchar voces saliendo del interior de algún hogar aun cuando encontramos muchas viviendas cerradas a cal y canto ya que su economía depende en gran medida del turismo rural. 

En nuestro deambular podemos observar diversas columnas de humo escabulléndose desde el interior de chimeneas en esta fría mañana que invita a permanecer al calor de la lumbre.

El lugar posee como principal atracción el museo etnológico Eth Corrau, un espacio histórico donde se exhiben herramientas y objetos que fueran propios de la cotidianeidad de antaño. Este espacio cultural ofrece al visitante la oportunidad de conocer piezas correspondientes a oficios y a formas de vida rural propias del valle ya desaparecidas y olvidadas por las nuevas generaciones y también por el devenir de los años y los avances técnicos surgidos desde la segunda mitad del siglo XX que han cambiado el modo de vida de los lugareños.

Sin darnos cuenta alcanzamos la parte alta del pueblo donde varias urbanizaciones de nueva creación crean un contraste arquitectónico entre lo antiguo y lo moderno, además de marcar el límite superior del actual núcleo urbano.

Las vistas sobre el valle desde este recodo son espectaculares alcanzando a ver los otros pueblos ubicados a pie de valle: Unha, Salardú, Gessa y Tredós.

De igual modo, observando a nuestro alrededor, nos viene a nuestra memoria lo que cuenta la tradición acerca del paisaje sobre el que se asienta este lugar:

Siglos atrás el pueblo se encontraba envuelto de densos bosques donde habitaban los lobos. Una noche, uno de ellos capturó a una joven que había salido de casa de forma imprudente. Una partida de caza liderada por el padre de la joven salió en su búsqueda, pero al no encontrarlos optó por ahuyentar cualquier presencia futura de los cánidos salvajes en esas tierras incendiando los bosques. Esa determinante solución provocó la pérdida de gran masa forestal en beneficio de los prados que hoy podemos admirar.

Mientras, una suave y fresca brisa nos recuerda el mes en el que nos encontramos.

Desde este punto superior una pista nos traslada hasta la ermita de Santa Margarita, donde el 20 de julio los lugareños realizan su tradicional romería. Más arriba se encuentran los lagos de Liat, Montoliu y Mauberme. Sobre ellos dominando el territorio se halla la cima del espectacular Tuc de Maubèrme de 2.881 m de altitud que hace frontera con Francia.

De vuelta al pueblo un can juguetón se nos acerca demostrando tan innata curiosidad por nosotros que consigue desbordar nuestra simpatía hacia él. En nuestro trayecto de vuelta decide acompañarnos yendo y viniendo a nuestro encuentro a lo largo de nuestro caminar mientras descendemos por diversas calles deleitándonos con su arquitectura montañesa.

A punto de alcanzar el final de nuestro trayecto, el perro se desprende alegremente de nuestra compañía para volver remontando alegremente la cuesta en dirección hacia el lugar donde nos encontró por primera vez. Nos quedamos observando cómo su figura empequeñece mientras va remontando la calle hasta que al doblar una esquina su grácil cuerpo desaparece de nuestras vistas.

De este trayecto realizado en este tranquilo pueblo de nuestra geografía nos llevamos un gran recuerdo. Sin duda alguna, regresaremos más adelante con tal de volver a revivir la experiencia.

Podéis ver más entradas publicadas en nuestro blog sobre el Valle de Arán pulsando aquí.

Nos vemos en un próximo rincón. Un saludo desde estas líneas. 

Localización:

Todas las fotos que ilustran este reportaje fueron realizadas por mí en mayo de 2021.

PD.: Como blog viajero y, en cierto modo también comunicativo, me limito a realizar una labor de divulgación de aquellos aspectos que me parecen atractivos en este mundo que me rodea. A través de los artículos publicados, en donde expreso mis inquietudes y reflexiones, pretendo aportar una experiencia que pueda ser válida para quienes puedan seguirme e interesarse por alguna de las temáticas aquí planteadas. Os agradezco vuestros comentarios pues así podremos compartir conocimientos y enriquecernos mutuamente lo cual redundará en un beneficio para todos los lectores. 

©Joan Oliveras. Todos los derechos reservados.

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