A Coruña (Provincia)

Fragas do Eume

Hoy nos vamos a acercar a uno de esos paisajes naturales poco conocidos de nuestra geografía. El lugar destaca por destilar exuberancia, belleza y armonía a partes iguales. Se trata del Parque Natural Fragas do Eume, sito en la provincia gallega de A Coruña.

Una importante parte de su extensión, que abarca 9.125 hectáreas, destaca por la frondosidad de su heterogéneo ecosistema formado por un cautivador bosque atlántico de ribera donde podemos admirar espectaculares ejemplares de castaños, robles, fresnos, abedules y un sinfín de otras especies arbóreas de gran valor ecológico, todo ello sin olvidarnos de una amplia variedad faunística que no lo resta, en modo alguno, mérito a la vegetal.

Aunque difíciles de descubrir, la zona está habitada por lobos, jabalíes, corzos o garduñas, entre otros mamíferos así como salamandras por citar sólo algún anfibio.

Y así es que su propio nombre ya nos revela qué nos vamos a encontrar. Su nombre de Fragas lo toma por la denominación de ese bosque tan frondoso que apenas deja iluminar su suelo húmedo propiciando la existencia de un rico manto vegetal donde están presentes líquenes, musgos y helechos, algunas de cuyas poblaciones se perpetúan desde la era terciaria. Del mismo modo recibe el nombre de Eume porque es a través de este río el que desarrolla y propicia la existencia de este singular paraje.

Al parque se puede llegar por diferentes rutas. Nosotros optamos por acceder por Pontedeume con la intención de alcanzar el Monasterio de San Xoán de Caaveiro. Debido a restricciones de paso de vehículos aparcamos el nuestro en el centro de interpretación desde donde parten diferentes senderos que se adentran en el parque tomando diferentes direcciones. Nosotros optamos por subirnos al transporte colectivo allí disponible que hace el trayecto hasta los pies del monasterio a través de una estrecha carretera que asciende siguiendo en paralelo el curso del río Eume. Durante el trayecto disfrutamos de las fabulosas vistas que se aprecian de su cañón generado por la erosión de las aguas durante el devenir del tiempo.

Al final del trayecto alcanzamos un aparcamiento donde estaciona el autocar y desde el que seguimos la ruta a pie en una ligera subida hasta alcanzar el monasterio románico ubicado en lo alto de un promontorio que domina este espacio natural. Aunque el mismo fue fundado en el siglo X, algunas de sus estructuras actuales más antiguas datan del siglo XII. En aquella época era benedictino aunque luego pasó a ser agustino. El lugar quedó abandonado y olvidado tras la desamortización de 1836.

En este soleado día sopla un agradable aire bajo las sombras de las copas de las especies arbóreas aportando frescos aromas que acaban impregnando nuestras pituitarias con joviales fragancias.

Mientras esperamos para realizar la visita interior a sus diferentes espacios nos entretenemos observando sus exteriores y su curiosa disposición en mitad de este esplendor paisajístico tan privilegiado.

La visita guiada resulta interesante no solo por explicarnos la historia del lugar sino también la vida monacal de los anacoretas que aquí moraron.

Acabada la visita de esta joya arquitectónica descendemos por un angosto sendero hasta las ruinas de lo que antaño fue su molino (muiño de Sesín) que se encuentra junto al viejo puente de piedra que cruza el pequeño río Sesín (cuya imagen encabeza este artículo).

Llegados a este punto nos encontramos solos en mitad de este espacio natural. Sentados sobre una imponente piedra frente al puente la saeta de nuestro reloj queda adormecida por el vigoroso rumor del agua que discurre a nuestros pies. El silencio de la naturaleza se torna evocador y contemplativo. Nos apasiona escucharlo en todos sus matices y en todas su notas. Este agradable y sombrío rincón rivaliza en verdor con el paraíso que siempre hemos imaginado. Para ahondar en la belleza sonora, al cabo de unos instantes el lugar adquiere vida propia con el bello cantar de carboneros y arrendajos que abundan por el lugar.

Que más cabe añadir a este artículo si el paraíso se encuentra, a todas luces, aquí.

Nos vemos en un próximo rincón. Un saludo desde estas líneas. 

Todas las fotos que ilustran este reportaje fueron realizadas por mí en agosto de 2012.

PD.: Como blog viajero y, en cierto modo también comunicativo, me limito a realizar una labor de divulgación de aquellos aspectos que me parecen atractivos en este mundo que me rodea. A través de los artículos publicados, en donde expreso mis inquietudes y reflexiones, pretendo aportar una experiencia que pueda ser válida para quienes puedan seguirme e interesarse por alguna de las temáticas aquí planteadas. Os agradezco vuestros comentarios pues así podremos compartir conocimientos y enriquecernos mutuamente lo cual redundará en un beneficio para todos los lectores. 

©Joan Oliveras. Todos los derechos reservados.

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