ARQUITECTÓNICAS

Covid-19 Diario de un confinamiento. Día 18. El molino d’Omer necesita buenos vientos

Hoy el día no ha sido propicio de buenos vientos. Si ayer habíamos mejorado las estadísticas con un leve descenso en los casos de muertes por la pandemia, en las últimas veinticuatro horas han vuelto a ascender siendo un día terriblemente fatídico para el país alcanzando una mortalidad máxima en 24 horas de 849 víctimas y un acumulado desde que empezó la crisis de 8.189 defunciones. Son unas cifras totalmente exageradas y desorbitadas que desarbolan cualquier experiencia previa en situaciones extremas que haya conocido nuestra sociedad. Una consecuencia directa de estas pérdidas humanas es el dramático desgarro emocional que provocan en sus allegados y seres queridos donde, ahora mismo, no hay consuelo posible.

Y como de buenos aires y vientos estamos necesitados, hoy rememoramos una parte de nuestra estancia en el país cátaro de la mano de un pequeño pueblo llamado Cucugnan que pasa desapercibido en estos paisajes de Occitania y que se encuentra estratégicamente ubicado entre los castillos de Queribús y Peyreperturse, dos de las fortalezas que constituían parte del cinturón de castillos que guarnecían Carcasona conocidos como los Cinco hijos de Carcasona.

En esta pequeña localidad cuya economía se basaba en la agricultura (básicamente trigo y maiz) y en la ganadería (principalmene ovina y caprina), podemos observar en su punto más alto un molino de viento. Se conoce de su existencia desde 1692 puesto que existe documentación de esa época que ya lo menciona.

El señor de Cucugnan, poseedor de estas tierras disponía del molino para poder moler los granos de cereal producido en sus tierras y así proveer de harina a sus arrendatarios.

Su posición en la cima de la colina del pueblo (la iglesia parroquial queda un tanto por debajo de ella) no fue aletoria pues favorecía el aprovechamiento de los vientos que circundan el lugar para activar con vigoroso esfuerzo el mecanismo de giro de sus grandes aspas.

Para su desgracia, tras la Revolución Francesa, en 1789, llegó su amargo declive pues alcanzó el estado de ruina absoluta en 1838.

Por suerte, la restauración realizada en 2003 propició que tanto la edificación como el mecanismo interior de molienda fueran reconstruidos y volvieran a lucir empaque. Desde entonces su sensacional silueta vuelve a dominar con orgullo las alturas de este pequeño pueblo francés desde donde se dispone de unas fabulosas vistas.

Su funcionamiento, basado en la fuerza del aire, es sencillo. Dispuesta sobre su pétreo cuerpo cilíndrico se encuentra la cubierta de madera donde se sujetan las aspas y donde un mecanismo interior permite encararlas hacia el viento gracias al gobierno (el largo madero que de la cubierta sale por la parte contraria a la de las aspas). De esta forma se puede aprovechar la fuerza eólica al 100% convirtiéndola en fuerza mecánica a través del mecanismo de engranajes que conforma la molienda. Además, la disposición desplegable del velamen de sus aspas también posibilita que éstas giren a mayor o menor velocidad con lo que se puede controlar, también por esta vía, el proceso de molienda.

En esa rehabilitación se usó roble para la viga maestra, madera de boj para los engranajes, fresno para sus aspas y granito para las muelas.

Justo en la parte inferior de esta colina se encuentra una panadería que elabora sus sabrosos productos con la harina que se muele en este molino y que os recomendamos probad.

Mientras tanto, seguimos confinados a la espera de buenas nuevas sobre la erradicación del Covid-19.

Desde estas líneas procedemos a dar muchos ánimos a todos los afectados esperando que os sea lo más leve posible. 

Del mismo modo desde estas páginas mostramos también toda nuestra solidaridad hacia todos los efectivos sanitarios y farmacéuticos, a los componentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y demás profesionales de diversa índole que con su inestimable esfuerzo solidario hacen posible avanzar valientemente hacia la erradicación de esta terrible plaga del siglo XXI.

No obstante, desde estas líneas os animamos a que descubráis más sobre los molinos de viento. A nosotros nos encantan. Esperamos que lo disfrutéis, al menos, tanto como nosotros y en un futuro lo más próximo posible, si no lo habéis hecho ya.

Nos vemos en un próximo rincón. Un saludo desde estas líneas. 

Localización:

Todas las fotos que ilustran este reportaje fueron realizadas por mí en octubre de 2016.

PD.: Como blog viajero y, en cierto modo también comunicativo, me limito a realizar una labor de divulgación de aquellos aspectos que me parecen atractivos en este mundo que me rodea. A través de los artículos publicados, en donde expreso mis inquietudes y reflexiones, pretendo aportar una experiencia que pueda ser válida para quienes puedan seguirme e interesarse por alguna de las temáticas aquí planteadas. Os agradezco vuestros comentarios pues así podremos compartir conocimientos y enriquecernos mutuamente lo cual redundará en un beneficio para todos los lectores. 

©Joan Oliveras. Todos los derechos reservados.

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