Barcelona (Provincia)

De Castellcir al Castillo de la Popa

Hoy nos vamos a adentrar en territorio del Moianès, la última de las comarcas catalanas creadas, para visitar un castillo románico, el Castillo de Castellcir o, como es conocido de forma popular, el Castillo de la Popa, debido a su característica forma naval.

Para eso nos aproximamos con nuestro vehículo privado hasta el municipio de Castellcir. Aparcamos junto a la Plaza Abat Escarré, desde donde damos inicio al recorrido a través de un camino forestal que inicia su descenso justo a la izquierda del Local Social allí situado.

Una señal allí colocada nos marca el principio del recorrido. La carretera, cementada, desciende sinuosamente por la falda de la montaña dando servicio a diferentes granjas ubicadas en la zona, además de posibilitar la aproximación en vehículo a la Iglesia de San Andrés de Castellcir, situada al final de la pista.

Después de recorrer aproximadamente un kilómetro de pista forestal, ésta cambia su pavimento a tierra por donde continuamos descendiendo hasta alcanzar la Riera de Castellcir donde nos encontramos con un espacio abierto rocoso en el que varios vehículos particulares se encuentran aparcados.

Aquí, un poste con señalización nos marca diferentes itinerarios y sus distancias. Así, la distancia recorrida hasta el momento es de 1,5 km desde Castellcir. Desde aquí un desvío del camino nos lleva hasta la iglesia de San Andrés de Castellcir (siutada a tan sólo 0,6 km y de la que ya podemos vislumbrar su fisonomía desde este punto) y si continuamos rectos, nuestro destino queda a 3,5 kilómetros. Este último es el itinerario que realizaremos. En este punto recomendamos leer la Nota 1 que aparece al final de este texto.

Tomamos dirección al castillo. A partir de ahora el camino se aplana.

Seguimos el sendero marcado que nos lleva a la entrada de una granja abandonada. La cruzamos y continuamos por el camino boscoso.

Pasamos junto a un curioso cartel indicativo de “recogida de trufas reservada”.

El sendero se abre en un prado donde a lo lejos ya podemos observar el castillo sobre la montaña que tenemos delante. Ahora el camino es muy intuitivo pues nos tenemos que dirigir hacia la fortaleza.

Llegados a un punto, el sendero desaparece en una área rocosa donde continuamos camino ascendente siguiendo los diferentes hitos que se levantan. Llegamos a un sendero que se adentra nuevamente en una zona boscosa donde perdemos de vista la ciudadela.

En el trayecto y bajo las sombras de los árboles observamos, destartaladas, cajas de madera de nidificación para pájaros a nuestro paso. Alcanzamos una zona donde varios árboles caídos nos permiten el paso por el sendero rocoso con una marcada inclinación lateral.

Por fin alcanzamos el final del recorrido dándonos de bruces contra los restos de lo que antaño fue una monumental escalinata de piedra que nos encarama hasta la entrada principal del castillo románico.

Una espectacular fachada nos recibe en lo que es un castillo situado sobre un peñasco invertido (una balma). Y aunque esta curiosa formación geológica pueda darnos a entender que la fortaleza fuera inexpugnable, la realidad dista mucho de ser esa, pues cambió de manos en diversas ocasiones siendo escenario tanto de las Guerras Remensas como de la Guerra Civil catalana, allá por el siglo XV.

De hecho, la existencia del castillo ya aparecía recogida documentalmente en el Monasterio de Sant Benet de Bages en tiempo tan lejano como el año 1014, aunque se tiene constancia de su existencia con anterioridad (en el año 923) bajo el nombre de Castillo de Tenes. La fortaleza tomó su nombre del apellido de la familia Castellcir, que se instaló en él en el siglo XI. En esa época se encontraba bajo el vasallaje del Monasterio de Sant Benet de Bages. En el siglo siguiente, cambió su pleitesía al Monasterio de Santa Maria de l’Estany, como consecuencia del cambio de propiedad a la familia de los Ódena.

El castillo fue asaltado en 1294 por las tropas de Jaime II y en 1337 por las huestes de los señores de Centelles que en 1349 se lo arrebataron al linaje de Castellcir, después que la peste negra asolara estas tierras. Gilabert de Centelles compró el castillo a la corona en 1363 cambiando en varias ocasiones de propietario en 1383 hasta llegar a la familia Planella (con varios cambios de apellidos en su linaje) que lo conservó hasta 1942, año en que fue vendido a Enric Torelló i Cendra.

En lo más alto de la escalera se encuentra la puerta principal. Ante ella elevamos nuestras cabezas para admirar su arco con dovelas así como sus poderosos ventanales de las plantas superiores.

Atravesamos el acceso y penetramos en lo que era la Torre Principal del castillo. En su interior aún se conserva la bóveda de medio punto original que podemos admirar. Y decimos esto porque actualmente el castillo se encuentra en un deplorable estado de conservación. El deterioro, el abandono y la ruina se constatan a cada paso. El lugar sufrió una fuerte expoliación a principios del siglo pasado que lo dejó muy mal parado, siendo abandonado en las postrimerías de los años cuarenta del mismo siglo. Ante la perspectiva que obtenemos no es para nada extraño que esta ciudadela se encuentre incluida en la Lista Roja del Patrimonio, un inventario que da a conocer el deterioro de patrimonio nacional con el propósito de darlo a conocer e intentar concienciar a las autoridades y al público en general de la protección que deben tener estos lugares.  

Desde este espacio central se abren dos vanos hacia cada uno de los lados. Por el de la derecha accedemos al interior de las antiguas dependencias del Señor del enclave.

La cubierta ha desaparecido en su totalidad así como los suelos de las dos plantas que allí se levantaban. La cisterna, otrora llena de agua que servía de depósito de líquido elemento para la guarnición, es actualmente un triste vertedero de envases de plástico y restos caídos de la edificación. Las aperturas en su muro meridional nos permiten ver el entorno boscoso de la comarca.

Seguimos cruzando el espacio para alcanzar un pequeño patio cuyos muros perimetrales han sido desmontados. Es mediodía y el Sol se encuentra encima de nuestras cabezas. Aprovechamos para sentarnos a descansar mientras disfrutamos de las magníficas panorámicas que desde aquí se obtienen del macizo del Montseny además de tomarnos un pequeño tentempié. La hora y media de recorrido transcurrida desde que iniciamos el itinerario bien se lo merece.

Más allá del patio, en un espacio inferior se sitúan los restos de otro patio interior bordeado por una primera muralla perimetral de defensa cuya entrada se realiza actualmente por un portalón situado en el lateral septentrional del castillo.

Regresamos hasta la entrada principal del castillo y avanzamos por el vano que dejamos atrás hacia el otro lado del castillo. Allí, varios lienzos semiderrumbados nos muestran, también, un lamentable estadio de degradación del conjunto que se ve favorecido por un exceso de vegetación.

Nos adentramos hacia el fondo del espacio buscando una perspectiva desde donde proceder a realizar una concepción espacial y visual imaginaria del conjunto arquitectónico que aquí se levantaba. Y, de hecho, nos da la impresión que tenía que haber sido espléndido.

Aún más allá, en un espacio extramuros se levanta la ermita, también románica, de San Martín de la Roca, documentada desde el año 1229, que todavía conserva su maltrecha bóveda original.

Ahora que ya hemos visitado todo el terreno del castillo y que tenemos un orden compositivo del mismo, sólo nos falta indicar que el mismo se asienta sobre un promontorio que ofrece unas dimensiones de 100 metros de largo por 7 de ancho y que su arquitectura militar nos recuerda a la de algunos de los castillos cátaros visitados anteriormente en este mismo blog y que son contemporáneos a éste.

Para finalizar la visita de este enclave, desde la ermita nos asomamos al filo del promontorio para observar el pequeño llano que se encuentra debajo y desde el que hemos tomado la imagen tan característica de este lado del castillo que hace único este lugar y que se encuentra encabezando este artículo.

En este punto ya solo nos queda desandar el camino recorrido para alcanzar el punto inicial de partida mientras seguimos disfrutando de un día soleado en medio de tan singular espacio natural de esta interesante comarca. En total han sido aproximadamente diez kilómetros de recorrido entre ida y vuelta.

Desde estas líneas os animamos a que lo descubráis. Esperamos que lo disfrutéis, al menos, tanto como nosotros.

Nos vemos en un próximo rincón. Un saludo desde estas líneas. 

Localización:

Nota 1: El itinerario recorrido no es el que se muestra en la imagen pero sirve para referenciar las distancias y posicionar sobre un plano tanto el punto de partida como el punto de llegada de nuestra excursión. De hecho, partiendo de Castellcir, seguiremos el trazado marcado hasta tomar el camino señalado en el plano que sale a mano izquierda y que se encuentra entre el Serrat de la Roca y Sant Andreu de Castellcir. En este punto es donde encontramos la señal que aparece en el texto donde se indica que faltan 3,5 kilómetros para alcanzar el castillo. De esta forma el camino se convierte en un atajo directo para alcanzar la fortaleza sin dar la vuelta mostrada en el plano.

Nota 2: Todas las fotos que ilustran este reportaje fueron realizadas por mí en septiembre de 2019.

PD.: Como blog viajero y, en cierto modo también comunicativo, me lmito a realizar una abor divulgativa y desinteresada de aquellos aspectos que me parecen atractivos en este mundo que me rodea. A traves de los artículos publicados, en donde expreso mis inquietudes y reflexiones, pretendo aportar una experiencia que pueda ser válida para quienes puedan seguirme e interesarse por alguna de las temáticas tratadas. Os agradezco vuestros comentarios pues así podremos compartir conocimientos y enriquecernos mutuamente lo cual redundará en un beneficio para todos los lectores. 

©Joan Oliveras. Todos los derechos reservados.

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