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St. Catherine Docks

Hoy nos desplazamos hasta el centro de la ciudad de Londres para visitar y descubrir un auténtico paraíso que es remanso de calma y tranquilidad. Situado al lado de Tower London y, también, junto a London Bridge nos encontramos con un renovado puerto deportivo fluvial que nos sorprende por su singular ubicación y su peculiar historia que se remonta a principios del siglo XIX.

Debido al gran crecimiento económico, comercial y mercantil que sufrió la ciudad en aquella época fue necesario derruir todo un barrio habitado por familias pobres y humildes que sobrevivían como podían a las duras condiciones de vida de la época. Toda esa destrucción fue promovida con el único fin de satisfacer las ansias de abastecimiento de una sociedad muy consumista ya en aquel momento. En el lugar se construyó una zona portuaria que permitía recibir de forma directa grandes remesas de mercancías y productos. Eso proporcionaba una logística de abastecimiento muy potente en pleno centro de la ciudad.

Para ello fueron arrasadas alrededor de 1.250 viviendas, un hospital medieval del siglo XII (de donde toma nombre el espacio) y una iglesia. Fue toda una reurbanización auspiciada por la nobleza y la aristocracia británica para mejorar las condiciones de los ricos. La realización de esta infraestructura obligó al desplazamiento de muchas unidades familiares sin que contaran, para su desgracia, con indemnización alguna.

El proyecto ingenieril lo diseñó el arquitecto escocés Thomas Telford siendo inaugurado el 25 de octubre de 1828. Ya, desde un primer momento, el lugar gozó de una gran actividad portuaria.

Se construyeron docenas de almacenes a pie de muelle para facilitar las tareas de estiba entre las barcazas y los almacenes. Allí, a través de carromatos se distribuía y repartía la mercancía traída por las barcazas. Una esclusa (todavía en uso) regulaba el nivel del agua entre el río y el recinto posibilitando el paso de las embarcaciones.

Hasta aquí llegaban productos de todos los rincones del mundo como especias, marfil, mármol, chocolate, te, azúcar o ron, por citar sólo algunos ejemplos. Fue un lugar que floreció mucho en época victoriana gracias a esa enorme actividad comercial fruto de la relación entre las colonias y la metrópoli y la avidez con la que se demandaban esos productos.

Pero toda esta actividad quedó truncada en 1940. Durante la Segunda Guerra Mundial el lugar soportó numerosos bombardeos de la aviación alemana siendo destruidos y calcinados por pavorosos incendios gran parte de los almacenes de su parte oriental. El resto del lugar sufrió también significativas pérdidas.

La oferta de negocio tras el conflicto bélico quedó muy mermada y fue menguando paulatinamente a consecuencia de los cambios de hábitos de transporte de mercancía de la segunda mitad del siglo XX que hacían imposible desarrollar y afrontar los nuevos retos que suponían toda una nueva logística e infraestructuras: contenedores mayores que requerían de barcazas de mayor capacidad que les impedían el acceso a las instalaciones así como de muelles y almacenes adaptados a tal fin.

Finalmente, en 1968, se cerró el lugar como uso portuario de carga y descarga de mercancías, destinándose un nuevo espacio río más abajo para cubrir las necesidades de la ciudad.

Durante la década de los setenta del siglo pasado la construcción de un lujoso hotel revitalizó la zona, que vino acompañada de la construcción de edificios de oficinas cuyas plantas bajas albergaban locales de ocio, cafés y restaurantes para acoger a los empleados, visitantes y curiosos.

Además la construcción de zonas residencias de alto standing (sus vistas sobre el puerto son más que interesantes) permitió revitalizar la zona, cautivando a quienes buscaban la tranquilidad junto a un fondeadero para barcazas de recreo y casas flotantes.

Para nuestra sorpresa nos encontramos con un espacio encantador que es capaz de pasar desapercibido ante el ingente alud de viajeros y turistas que día tras día transitan por la capital inglesa.

Hoy en día, testigo de aquella época de esplendor aún perdura el Ivory Home (con su torre dominando el paisaje) y el Pub The Dickens’ Inn, que es un antiguo almacén del siglo XVIII reconvertido en posada. Este último edificio luce en sus balcones unas jardineras que ofrecen con agradable despliegue todo un encanto de color floral que hacen las delicias de los visitantes. Nosotros aprovechamos para almorzar en su interior en un ambiente acogedor en el que degustamos diversas exquisiteces culinarias de su amplia carta.

Pero el lugar nos tenía preparada otra sorpresa. En nuestro paseo por los muelles y pantalanes pudimos contemplar a Gloriana, la barcaza real construida con motivo de la celebración del jubileo de diamante de la Reina de Inglaterra, que tiene aquí su base de amarre.

Como curiosidad y para finalizar este artículo, Sir Ernest Shacklenton, uno de los exploradores antárticos más importantes y famosos partió desde aquí en un barco a vapor para iniciar el que sería su último viaje hacia ese continente en septiembre de 1921.

Desde estas líneas os animamos a que lo descubráis. Esperamos que lo disfrutéis, al menos, tanto como nosotros.

Nos vemos en un próximo rincón. Un saludo desde estas líneas.

Localización:

Nota: Todas las fotos que ilustran este reportaje fueron realizadas por mí en octubre de 2018.

PD.: Como blog viajero y, en cierto modo también comunicativo, me limito a realizar una labor divulgativa y desinteresada de aquellos aspectos que me parecen atractivos en este mundo que me rodea. A través de los artículos publicados, en donde expreso mis inquietudes y reflexiones, pretendo aportar una experiencia que pueda ser válida para quienes puedan seguirme e interesarse por alguna de las temáticas tratadas. Os agradezco vuestros comentarios pues así podremos compartir conocimientos y enriquecernos mutuamente lo cual redundará en un beneficio para todos los lectores.

©Joan Oliveras. Todos los derechos reservados.

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