... del barrio de Gràcia

Oda Nova a Barcelona

Hoy vamos a conocer la singular historia de una escultura urbana que fue desterrada de su lugar originario por la insana moralidad de la sociedad de principios de los años sesenta del siglo pasado haciendo partícipes de esta historia a tres miembros de tres generaciones distintas de una misma familia.

En 1911 el insigne poeta catalán Joan Maragall publicó su poema Oda a Barcelona en el libro Seqüències, una visión particular y rompedora que homenajeaba líricamente a la Ciudad Condal.

En 1961 y con motivo de la celebración del primer centenario de su nacimiento, su sobrino, escultor de profesión, Ernest Maragall, le rindió homenaje con una escultura que lleva por título Oda Nova a Barcelona, una revisión plástica llena de sentimiento versado en ese poema.

El lugar elegido para su ubicación fueron los Jardines de Salvador Espriu (más conocidos como los Jardinets de Gràcia), un espacio verde creado con motivo de la Exposición Universal de 1929 que se encuentra en una importante zona de paso en la confluencia entre el barrio de Gràcia y el Ensanche (Eixample) barcelonés.

La obra escultórica, de corte neoclásico, se compone de dos figuras femeninas sentadas sobre el suelo. La de la izquierda se encuentra desnuda y recostada sobre una piedra. Su mano derecha roza la pierna de su compañera. La de la derecha viste una fina tela sobre su delicada piel en la que se dejan intuir sus encantos femeninos. El gesto de su mano derecha parece rozar la cara de su compañera.

Esta concepción artística brinda un sensual homenaje a la amistad y al afecto a través de la poesía contemplativa y visual del amor.

Y fue, precisamente esta muestra ensalzada y manifiesta a través de las formas y de los gestos de las dos protagonistas lo que causó tanto rechazo y revuelo en las mentes de las autoridades del momento quienes la tacharon de desvergonzado espectáculo lésbico gratuito en plena vía pública.

Aún quedaban algunos años para la revolución sexual y libertaria de finales de los sesenta y principios de los setenta.

No obstante y a pesar de todos los pesares, la estatua tuvo que retirarse a un lugar más apartado del centro de la ciudad quedando arrinconada en el Parque de Cervantes, sito a las afueras de la ciudad.

Pero no fue hasta 1985, siendo alcalde Pasqual Maragall, sobrino del escultor y nieto del poeta que la recuperó de su insensato exilio y la restituyó a su ubicación original para volver a ser disfrutada nuevamente por los residentes del barrio y viajeros que recorren este espacio.

Desde estas líneas os animamos a que la descubráis. Esperamos que la disfrutéis, al menos, tanto como nosotros.

Nos vemos en un próximo rincón. Un saludo desde estas líneas.

Localización:

Nota: Todas las fotos que ilustran este reportaje fueron realizadas por mí en 2017.  

©Joan Oliveras. Todos los derechos reservados.

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