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… el País Cátaro. Día 1 de 9: Queribús, Cucugnan y D’Aguilar


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Martes.

Hoy damos comienzo a una serie de artículos que nos llevarán a recorrer una parte de la región occitana, en la zona sureste de Francia. Será un viaje que durará nueve días y en el que realizaremos un recorrido de 1.559 kilómetros. Aunque el territorio a visitar es enorme, nos centraremos sólo en aquellos lugares o destinos que tienen interés para nosotros, con independencia de si son turísticos o no. Así, visitaremos antiguos castillos, pueblos medievales, templos religiosos (iglesias, abadías, catedrales) u obras de ingeniería como el canal du midi (el canal del mediodía), entre otros lugares. También tendremos alguna que otra sorpresa durante estos días, como visitar la misteriosa iglesia de Rennes-Le-Château (citada en la novela de El Código Da Vinci) o transitar por la zona de las Montañas Negras. También disfrutaremos del entorno paisajístico de esta región y habrá tiempo de degustar una más que interesante gastronomía. Para eso nos hemos pertrechado con varias guías, un plano de carreteras de la región y la cámara con tal de inmortalizar estos momentos tan pródigos en sensaciones.

Históricamente ésta fue una región donde arraigó con mucha fuerza el catarismo y donde todavía perviven muchas edificaciones y lugares evocadores de aquella herejía a la que combatió con mucha dureza y crueldad la Iglesia de aquel momento. En cierto modo nuestro trayecto se solapará con parte de las rutas de los cátaros.

En nuestro primer día de viaje por el Languedoc toca madrugar. La razón es simple: poder alcanzar la frontera francesa lo antes posible con tal de aprovechar al máximo el día y evitar los atascos que se producen a primera hora de la mañana en los accesos y rondas de Barcelona, lugar desde donde partimos.

Aún medio dormidos cargamos las maletas en el coche y emprendemos viaje desde Barcelona por la Autopista A7 hacia la Junquera.

Debido a la inmensidad del terrritorio a abarcar hemos delimitado geográficamente dos zonas de visita en las que estaremos cuatro días en cada una de ellas. Por un lado una zona al sur de Carcasona, con base en el pueblo de Quillán, y por otro lado la zona situada al norte de Carcasona con base en el pueblo de Mazamet. Ambos lugares son puntos de intersección de importantes redes viales que nos facilitarán el movimiento en cualquier dirección alrededor de estas poblaciones.

Nos adentraremos en la historia de estas regiones conociendo más de mano las cruzadas contra los cátaros, las guerras de religiones o las consecuencias en estas regiones del Tratado de los Pirineos.

Seguimos circulando por la autopista. Antes de llegar al punto fronterizo paramos en un área de servicio para repostar el vehículo (la gasolina es más barata aquí que en el país galo), revisar la hoja de ruta preparada y apagar los móviles. No sabéis la libertad que supone no disponer de estos aparatos con los que te puedes conectar con cualquier lugar del mundo. Nos comunicaremos vía wi-fi a nuestra llegada al hotel.

El cuaderno de ruta de hoy contempla visitar uno de los castillos más interesantes que sufrió los embates de la lucha contra los cátaros. Es el castillo de Queribús, y su sola presencia en la cima del collado ya nos indica la importancia que tuvo en su momento como fortaleza de frontera. Después nos acercaremos al aledaño pueblo de Cucugnan, donde pasearemos por sus calles y aprovecharemos para hacer un tentempié. Por la tarde nos acercaremos a otro de los castillos cátaros y de frontera, el d’Aguilar, que presenta actualmente un estado ruinoso.

Pasamos la frontera bajo la atenta mirada de los guardias fronterizos de la gendarmería francesa tomando la autopista francesa A9. La abandonamos en la salida 42 y tomamos la carretera en dirección Ribesaltes. Cruzamos el pueblo en dirección sur y paramos a desayunar en el aparcamiento de un supermercado de la cadena Intermarché. Son las nueve y media de la mañana, el día es soleado y corre una brisa fresca por lo que la bollería y el café envasado que acabamos de comprar en este establecimiento nos sientan de maravilla.

Una vez repuestos de este duro madrugar nos dirigimos a nuestro primer destino, el castillo de Queribús, en dirección oeste hacia Foix por la carretera D117. Cuando sobrepasamos el pueblo de Estagel ya podemos empezar a divisar en el horizonte a la derecha y sobre la cadena montañosa este prominente castillo. Nos adentramos en el valle del Maury. Al llegar al pueblo del mismo nombre, giramos a la derecha en dirección al bonito pueblo de Cucugnan. Conforme vamos ascendiendo la colina el paisaje se nos hace más interesante, con el valle quedando por debajo nuestro a nuestra derecha. En una indicación tomamos el desvío a la fortaleza que hay previo a llegar a Cucugnan.

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Estacionamos el vehículo en el aparcamiento que hay a pie de castillo, una larga explanada, donde ya hay a estas horas dos coches estacionados. En este lugar tan inhóspito hay una pequeña tienda de recuerdos y una taquilla donde se adquiere la entrada que da acceso al castillo. El coste es de 6,5 euros por persona. Algo caro si lo comparamos con otros tickets de entrada a otros castillos de España, pero no nos queda más remedio que pagarlos si lo queremos visitar. Junto con la entrada nos entregan un folleto explicativo, en castellano, sobre el castillo y el pueblo vecino de Cucugnan.

Con la cámara preparada y las botas calzadas emprendemos nuestra marcha pendiente arriba. Son sólo unos 15 minutos de subida. El paisaje que se observa es espectacular, con una bellas panorámicas hacia el pueblo de Cucugnan. El aire sopla en algún punto con cierta intensidad por lo que a veces cuesta mantenernos erguidos. Conforme vamos ascendiendo la figura del castillo se nos presenta más impresionante.

Esta fortaleza data de cuando el imperio carolingio llega a su fin y se comienzan a edificar una suerte de castillos en lugares de difícil acceso con tal de salvaguardar las fronteras del territorio. Los primeros documentos que lo mencionan datan del siglo XI. Su pertenencia al condado de Besalú, y posteriormente al de Barcelona, permiten que en 1137 se integre en la Corona de Aragón.

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Esta circunstancia permite que no sea, en un inicio, objetivo de las cruzadas albigenses contra los cátaros, aunque conforme fueron conquistándose las plazas más importantes de los perfectos, llegaran a cobijar entre sus muros a algunos de estos herejes a ojos de la Iglesia. Se da la circunstancia que resulta ser el último de los castillos del catarismo en sufrir asedio, quizás no tanto por la lucha contra esta herejía (en aquel momento estaban ya diezmados) sino más bien por el afán de conquistar la fortaleza (a su rival del sur) y afianzar una línea defensiva por parte del rey francés frente a la Corona de Aragón (su vecino meridional).

En esa época el castillo disponía de unas defensas muy importantes e imponentes. El asedio sólo duró 3 semanas, ya que el responsable de su custodia, Chabert de Barbaria, se encontraba preso en Carcasona y a cambio de su libertad hizo entrega del castillo al rey francés Luis IX. Corría el año 1255.

En aquel momento se mejoran sus defensas y pasa a ser uno de los “Cinco hijos de Carcasona”, que era el nombre con que se conocía a la línea defensiva fronteriza francesa.

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Pero a partir de 1659, con el Tratado de los Pirineos, y el consecuente desplazamiento de la frontera más hacia el sur, deja de tener importancia estratégica y comienza el declive del castillo, circunstancia que también pasará con muchas de las fortalezas ubicadas en esta franja de tierra.

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El castillo está dispuesto en tres terrazas defensivas escalonadas (cada una de ellas hace de baluarte de la anterior) y una torre del homenaje desde cuya cima se aprecian unas vistas más que interesantes (aunque en ocasiones el viento puede llegar a ser molesto). En la imagen se pueden apreciar al fondo a la derecha las líneas del impresionante castillo de Peyrepertuse, ubicado a sólo 6 kilómetros de distancia.

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Recorremos todos sus espacios vacíos (algunos de ellos en ruinas) junto a sus altos muros. La parte que más nos sorprende es la sala principal de la torre del homenaje, donde una columna gótica descentrada en su ubicación en la sala es el aspecto más curioso junto con la gran ventana gótica, a través de la cual penetra la luz que alumbra la estancia. La columna, con sus arcos superiores, sostiene la terraza de esta torre.

Realizada la visita bajamos hasta el aparcamiento y emprendemos nuevamente la marcha aproximándonos al cercano pueblo de Cucugnan. Antes de llegar a él, estacionamos nuestro vehículo en un mirador para contemplar sus casas de colores encaradas al sol. Es una imagen atractiva y que actúa como preciosa postal de la villa.

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Aparcamos el coche en un estacionamiento a la entrada del pequeño pueblo. Deambulamos por sus calles apreciando los detalles de este recodo del mundo. Es mediodía. Pocas personas por las calles, pero las ventanas abiertas de diversas casas nos permiten observar los interiores de las viviendas (básicamente cocinas y comedores). Es hora de almorzar. Huele a comida. Cuando pasamos por enfrente de él, el pequeño colmado del pueblo está cerrando sus puertas.

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Paseando por sus calles nos encontramos con la antigua puerta de lo que antaño fue el acceso al pueblo medieval (destruido en el siglo XV y vuelto a edificar a partir del siguiente siglo). De hecho las primeras citaciones del pueblo se datan en el año 1070. En la parte superior del pueblo pueden observarse, muy deteriorados, los restos del antiguo castillo.

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Junto a estas ruinas encontramos el molino d’Omer. Es la pieza patrimonial más importante que posee el pueblo en la actualidad aunque hace apenas unos años se encontraba en estado de ruinas. Fue restaurado en 2003.

Junto al molimo se encuentra también la iglesia de San Julián y Santa Basilisa, que tiene la particularidad de albergar una estatua de la Virgen María, encinta.

Desde el pueblo se puede observar en la lejanía la figura permanente del castillo de Queribus recortada sobre el collado. Pasamos por delante del teatro Achille Mir, famoso por estar dedicado a este escritor en lengua provenzana. La visita al pueblo resulta rápida.

Justo debajo del molino hay una panadería (Les maîtres de mon Moulin) que vende unas pastas de brioche y unas galletas artesanales, entre otros productos, que levantan el apetito de un modo brutal y que harán, a buen seguro, las delicias de los más golosos. Os recomendamos que os sentéis en las mesas de madera que hay justo delante del establecimiento y catéis estos ricos manjares.

Suenan las campanas de la iglesia anunciando la una del mediodía justo cuando damos el último bocado a unos pasteles comprados en este local. Es hora de proseguir el viaje.

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Y a la salida de Cucugnan, encontramos un curioso cruce. Al fondo podemos observar el castillo de Queribús, y en las señales indicativas aparecen tres castillos más: el de Peyrepertuse, el d’Aguilar y el de Padern. Un total de cuatro castillos enlazados en una única imagen.

Partimos hacia la localidad de Tuchán (en dirección este) para visitar el castillo d’Aguilar. Por el camino pasamos por la poblacion de Padern, donde desde la carretera misma podemos observar sobre la localidad el castillo del mismo nombre, un castillo restaurado en el siglo XVII pero que actualmente se encuentra en estado ruinoso.

Alcanzamos Tuchán y a la salida del pueblo un panel indicativo nos indica el desvío que tenemos que tomar para llegar al castillo d’Aguilar. A ambos lados del camino se extienden campos de vid en lo que es un magnífico espectáculo visual.

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Después de una suave subida a través de un estrecho camino alcanzamos el aparcamiento. Junto a él se emplaza la taquilla que se encuentra cerrada. Accedemos al castillo por un sendero de suave pendiente que lo rodea por su perímetro exterior. El estado de deterioro es muy grave. En la imagen puede apreciar a la derecha de la fortaleza la pequeña iglesia románica de Santa Ana, que se encuentra justo delante de su entrada principal.

Las primeras referencias de este enclave datan de 1020. Sufrió también las acometidas de la cruzada albigense siendo asaltado por las tropas al mando de Simón de Monfort en 1210.

Este castillo también formó parte de los “Cinco hijos de Carcasona”, nombrados anteriormente y, como en el caso anterior, a raíz del tratado de los Pirineos y el traslado de las fronteras más hacia el sur, entró en franco declive.

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En el siglo XVII fue lugar de escondite y salvaguarda de bandoleros y bandidos que amenazaban a las gentes y pueblos de la comarca. Por esa razón en esa época fue ordenada su destrucción por el rey de Francia, siendo todo el conjunto dinamitado. De ahí la explicación a ese estado tan deplorable que presenta todo el conjunto.

Accedemos al castillo a través de su puerta principal. En su interior se están realizando labores de rehabilitación de una parte de su doble muralla. Podemos movernos por el interior de lo que fue su muralla externa. Seis torres posicionadas en los vértices de un hexágono se erguían orgullosas sobre los barrancos hace varios siglos atrás. Actualmente adolecen de un gran deterioro. Pequeños letreros colocados a lo largo del recinto nos indican los nombres de los diferentes espacios del mismo. Penetramos en el recinto central esperando presenciar un gran complejo, pero sólo observamos la fachada interior de lo que antaño fue un gran castillo, así como la cisterna principal del castillo. Todo el resto es un gran espacio diáfano cuyo techo es el cielo azul.

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Después de dar una vuelta por el lugar y de disfrutar con las hermosas vistas del paisaje (lo único que vale realmente la pena) volvemos al aparcamiento.

En cierto modo nos sentimos decepcionados de ver el calamitoso estado en el que se encuentra el recinto fortificado.

Hoy es el primer día de hotel en estas tierras y tenemos que llegar pronto para acomodarnos. Por esa razón emprendemos la marcha regresando sobre nuestros pasos hasta Maury, y desde allí siguiendo por la carretera D117 en dirección a Foix.

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Nuestro destino es el hotel La Chaumière, un sencillo establecimiento de 3 estrellas, situado en el pueblo de Quillán, en el que vamos a pecnortar durante cuatro noches. Cada una de las habitaciones lleva asociada a su número el nombre de un castillo de la región. Nosotros nos alojamos en la habitacion 24 correspondiente al Castillo de Arqués, que es uno de los castillos que tenemos intención de visitar en próximos días.

Una vez formalizada la entrada a la habitación y dejadas las maletas vamos a dar un primer vistazo al pueblo para hacernos una composición de lugar. Recorremos las calles principales de su parte vieja encontrándonos con muchos establecimientos en estado ruinoso o con el letrero de en venta en sus aparadores. Se respira una profunda decadencia de lo que antaño fue un pueblo importante. Destacan el río y el pequeño castillo sobre la localidad.

Entramos en un supermercado a comprar algo de alimento para cenar. Hoy toca irse a descansar pronto después de un buen madrugón y de disfrutar de un día de bastante recorrido. Mañana será otra jornada interesante, donde disfrutaremos de tres castillos más: el de Puylarens, el de Peyrepertuse y el de Termes. Con estos tres más los dos visitados hoy habremos conocido en solo dos días a los “Cinco hijos de Carcasona”.

Localización:

Nota: Todas las fotos que ilustran este reportaje fueron realizadas por mí en octubre de 2016.

©Joan Oliveras. Todos los derechos reservados.

12 replies »

    • Gracias, Isabel. Aunque esa parte oscura de la preparación del artículo es dura, también es, quizás, de las más enriquecedoras porque consigues revivir esos momentos que todo viajero desea recordar de un viaje e intentas transmitir, además, esas vivencias a quien las lee. Este es el primero de una serie de artículos que irán desgranando día a día diversos lugares y espacios de este territorio que tan gratamente nos ha sorprendido y que tanta satisfacción nos ha dado. Un abrazo.

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    • Gracias. Espero que os sirvan las referencias como guías pues el viaje lo hicimos este mes de octubre pasado. Disfrutad de los lugares y tened en cuenta que en este medio rural y paisajístico las horas de sol son importantes de aprovechar. Un abrazo.

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