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La villa romana de Liédena

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Hoy nos vamos a descubrir un yacimiento arqueológico romano de primer orden, aunque un poco escondido en nuestra extensa geografía. Un lugar donde el tiempo pasado parece cobrar vida a nuestros pasos. Y eso es lo que haremos, maravillarnos a vista de nuestros pies de lo que se mantiene de una antigua villa agrícola del siglo II y IV d.C. que se encuentra enclavada en medio de otro bello paisaje de Navarra. Se trata de la villa romana de Liédena.

Se encuentra ubicada en el término municipal de Liédena, muy cerca del embalse de Yesa, junto a la frontera con Aragón. Propiamente el yacimiento no se encuentra dentro del pueblo de Liédena, sino en las afueras del mismo y se accede a él a través de la carretera que une este pueblo con Pamplona (N-240) en un desvío habilitado expresamente para este recinto.  Un pequeño aparcamiento a su entrada nos permite aparcar el vehículo y nos sirve de puerta de entrada a esta villa. Probablemente este mismo punto fuera la entrada natural del lugar en su época de máximo esplendor.

El enclave se encuentra ubicado al aire libre, es de entrada libre, y se encuentra en una meseta sobre el río Irati, justo enfrente del magnífico desfiladero de Foz de Lumbier, al cual ya dedicamos un artículo anterior. Las vistas desde aquí sobre esta maravilla paisajística son magníficas. El aire que sopla es fresco y el ambiente saludable y limpio. Además, el día es soleado con lo que la visita se hace muy agradable.

Google Maps nos permite observar una imagen aérea del lugar, imagen en la que se puede ver la disposición y distribución de la villa así como el entorno donde se encuentra ubicada. Los restos arqueológicos lo conforman un par de viviendas construidas en dos periodos históricos diferentes. Un gran patio alargado con viviendas a sus lados hace de entrada al recinto.

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Con tal de conservar en el mejor estado posible los restos hallados, el lugar dispone de una serie de pasarelas de madera que los cruzan por encima. Es un camino artificial que nos conduce a recorrer el enclave y a transitar por sus diferentes elementos constructivos. En determinados lugares unos más que interesantes paneles explicativos con estupendas ilustraciones y textos nos informan de la situación del enclave y nos explican la historia y diversas vicisitudes correspondientes al yacimiento.

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La primera vivienda construida es del siglo II d.C. y corresponde a una pequeña granja donde las estancias se ubican entorno a un patio central. Se pueden apreciar los restos de un salón, un comedor y unas termas. Se supone que esta primera construcción fue destruida por un incendio durante el siglo siguiente y, a consecuencia del mismo, quedó deshabitada.

En el siglo IV d.C. se vuelve a habitar otra vez la granja y se construye sobre la misma una casa más importante e imponente. Alrededor de su patio central se ubican diferentes habitaciones y se construyen, además, unas cincuenta viviendas. Todo este conjunto dispone de patios, estanques, bodegas, almacenes y termas (que eran muy apreciadas por los grandes señores romanos). El lugar funcionaba como una gran explotación agrícola en la que sólo la villa adquiere unas dimensiones de una hectárea de extensión.

Los cambios en la distribución de la misma vienen producidas, básicamente por las coyunturas históricas del momento y de esa zona. En el siglo II d.C. el poder del Imperio Romano seguía siendo importante. Los nobles y la alta sociedad se establecían en las ciudades aunque sus posesiones territoriales se encontraran a las afueras de las mismas. Los amos no requerían habitar sus posesiones agrícolas, con lo que la necesidad de disponer de una gran casa central en la villa para ser habitada por parte del señor no era necesaria. El diverso personal necesario para el buen funcionamiento de la posesión habitaba pequeñas estancias.

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En pleno declive del Imperio Romano (siglo IV d.C.) las ciudades dejan de ser seguras y los señores tienden a residir en grandes casas señoriales alejadas de las ciudades. De ahí la aparición de esta gran domus romana que domina la distribución de la villa agrícola. Como era usual en esa época, era necesaria la defensa de la granja y, con tal de evitar su saqueo y su pillaje, se tendía a disponer de un ejército privado formado tanto por profesionales como por los mismos granjeros. De ahí que la disposición de esas 50 viviendas pudieran tener, en parte, una funcionalidad de acuartelamiento para la soldadesca. Así lo indica la distribución de las mismas entorno a un gran patio de armas a la entrada del recinto (se pueden apreciar una parte en la imagen superior). También se supone que esta granja, al estar cerca de la actual ciudad de Pamplona, pudiera cumplir una cierta misión de alojamiento y hostelería (aprovechándose de la protección de los soldados y de su distribución de defensa) para otros señores que seguían la vía romana que pasaba por esta zona en dirección a Pamplona. En aquellos tiempos siempre era bueno disponer de un lugar seguro donde pasar la noche en unos días en los que las distancias se recorrían en varios días o semanas.

En las excavaciones realizadas en el lugar aparecieron diversos mosaicos con dibujos geométricos que se han rescatado y conservado en el Museo de Navarra, ubicado en Pamplona. Además, también se han conservado diversos restos de cerámica y menaje. Fruto del resultado del estudio y análisis de todos estos restos se sabe que la villa se autoabastecía de los productos que generaba ya que era y es un lugar de gran actividad agrícola, basado en cultivos cerealísticos, de vid y de olivos. Además, la villa disponía de su propio ganado para facilitar su autoconsumo. Hay que recalcar la cercanía del río Irati, que se encuentra, justo, al pie de la meseta donde se ubica la granja y que riega los campos de la comarca.

Alrededor de la vivienda se pueden observar los restos de un antiguo muro así como del pozo que abastecía de agua a la misma, sistemas propios de la autodefensa del lugar.

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Como anécdota es interesante que fijéis la vista, no hacia el yacimiento sino hacia la foz de Lumbier, que tenemos enfrente. Aunque queda algo lejos a la vista es posible descubrir perfectamente la figura destruida del puente del Diablo durante la guerra de la independencia (en 1812) a la entrada del desfiladero. En la imagen superior se puede apreciar, aparte del desfiladero, el antiguo sendero que cruza de derecha a izquierda la imagen y que cruzaba el puente, ubicado en el centro. Son visibles los dos pilares de ambos arcos sobre los que se sostenía el antiguo puente. También es posible observar en las inmediaciones del desfiladero el precioso planear del vuelo de los buitres que habitan esta zona.

En definitiva, es un espacio especial y diferente a los que estamos acostumbrados a visitar en nuestras correrías por el mundo. Un lugar que sigue siendo fructífero en medio de unas fértiles tierras y que, como patrimonio cultural de la zona, es muy importante para explicar su historia. Es un lugar en el que también os recomendamos la visita por sus formidables vistas, del cercano desfiladero de Foz de Lumbier. Esperamos que lo disfrutéis.

Nos vemos en un próximo rincón. Un saludo desde estas líneas.

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