Aragón

Imponencia entre las peñas

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Hoy nos vamos a visitar el castillo de Loarre, en la provincia de Huesca, al norte de Aragón. Está considerado uno de los castillos medievales mejor conservados de España. Es conocido por servir de escenario en la película “El reino de los cielos” dirigida por Ridley Scott y ambientada en las cruzadas.

A medio camino entre Huesca y Jaca se encuentra una joya de edificio en un estado de conservación muy bueno. A medida que nos acercamos ya se aprecia toda su magnificiencia sobre las peñas que lo rodean, porque a diferencia de otros castillos, no se encuentra en lo alto de una montaña dominando el terreno en todos sus ángulos, sino en un pequeño cerro y anclado en unas peñas que le permiten disponer de una situación defensiva adicional a sus ya de por sí imponentes defensas.

Es un castillo cuyo núcleo central y más antiguo se construyó entre el 1020 y el 1035, por orden del rey Sancho III el Mayor de Navarra con el fin que sirviera de pieza defensiva hacia el poder musulmán aledaño en aquellos tiempos. En este primer cuerpo se encuentran las torres centrales y las dependencias militares, propias de un edificio militar. En una segunda etapa, alrededor de 1071, se amplía con una segunda zona dedicada a monasterio, por orden del rey Sancho Ramírez, con la construcción de la iglesia y las dependencias monásticas. Finalmente, en el 1287, se construye el recinto amurallado. Era normal en aquella época ir ampliando las defensas según las necesidades del momento. Siempre la parte más fuertemente defendida y donde se establecía el gobernador del castillo (ya fuera noble o militar) era la parte central que se correspondía con las torres de defensa primitivas y más altas.

En 1906 es considerado Bien de Interés Cultural y Monumento Nacional, prueba de su valor histórico y cultural.

Tomando el desvío de la carretera desde el pueblo homónimo, podemos aparcar el vehículo en una pequeña área de pícnic. Sentados en uno de los bancos contemplamos la fortaleza mientras tomamos un bocadillo. Desde aquí las vistas son extraordinarias sobre todo el conjunto:

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Una visión panorámica de su situación estratégica ya nos hace soltar alguna exclamación de admiración. En la documentación consultada para conocer de antemano este edificio de ingeniería militar, no daba la impresión que fuera a ser tan espectacular. Desde aquí se observa el recorrido de la muralla, que en su parte inferior se encuentra parcialmente derruida. También en el gran patio interior de la muralla se encuentra una solitaria torre (la albarrana). Detrás aparece ya la verdadera estructura interior defensiva de la fortaleza donde los muros de la iglesia de San Pedro, integrados en el conjunto, nos observan desde la lejanía.

En esta zona, hay térmicas, propicias para poder practicar el parapente, por lo que no es raro que se pueda ver a algunos deportistas realizar este deporte. Además, coincidimos en que un par de ellos se lanzan desde las montañas y bajan planeando para aterrizar justo a pocos metros de donde estamos sentados, con lo que el espectáculo de seguir el curso del trayecto se complementa perfectamente con el momento visual vivido.

Recogemos y continuamos por la carretera en pendiente sinuosa, mediante la que, una vez llegados a la altura de la fortaleza, la rodeamos y observamos su gran belleza perimetral y volumen exterior. La carretera finaliza en un aparcamiento.

Antes de entrar al recinto hay que adquirir la entrada en un pequeño establecimiento que hace las veces de tienda y bar. El día es caluroso y una bebida refrescante siempre es bienvenida. Junto a la adquisición a la entrada nos entregan un bien estructurado plano explicativo que nos guiará a través del recinto. También se organizan visitas grupales, aunque nosotros preferimos realizarla a nuestro aire.

Al recinto se accede a través de la puerta principal de la muralla exterior, puerta flanqueada por dos enormes torreones semicirculares. Al cruzar el umbral penetramos en el patio interior, desde donde se divisa todo el interior del recinto. Destaca en el perímetro amurallado de 172 metros una única torre cuadrada frente a varios torreones semicirculares. En la parte superior del recinto se asienta el castillo, cuyos muros hacen las veces de defensa amurallada.

Siguiendo la rampa ascendente que se encamina hacia el castillo pasamos por el lado de la albarrana, una torre cuadrada solitaria cuya función era servir de baluarte defensivo adelantado en caso de asedio.

Al final del camino nos encontramos con la puerta de entrada del castillo, flanqueada por bellos capiteles románicos. En la imagen se aprecia el del lado izquierdo:

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Esta puerta da paso a una escalera ascendente donde dos puertas a media escalera y a cada lado dan paso a dos cámaras diferenciadas. A mano derecha nos encontramos con la Cripta de Santa Quiteria. Fue un pequeño lugar de culto. Por sus tres vanos la luz penetra y nos envuelve en un halo de misterio mostrando una estancia semicircular.

En la otra puerta al otro lado de la escalera nos encontramos con la sala del cuerpo de guardia, cuya puerta se encuentra cerrada a las visitas.

Da la circunstancia que ese día las paredes de esta escalera ascendente se encuentran engalanadas con pequeños ramos de flores propios de una celebración nupcial. Durante la visita nos cruzamos varias veces con una pareja de novios y un fotógrafo realizando una sesión fotográfica en este precioso recinto.

Al final de la ascensión nos encontramos en lo que es la primera planta del castillo, donde un corredor nos recibe para trasladarnos a las interioridades del edificio. Esta planta está plagada de abundantes sorpresas. Un acceso nos conduce al interior de la Iglesia de San Pedro:

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Al entrar en ella nos encontramos con una gran sala diáfana. Toda la sala es decorada en estilo románico. La presidencia del templo la ostenta un bello altar de piedra. Detrás de él, unas columnas, adosadas al ábside de la nave, con bellos capiteles ornamentan el conjunto con figuras bíblicas, fantásticas y vegetales. La entrada de luz a través de las ventanas dan una visión natural al conjunto y llenan de esplendor todo este antiguo espacio de culto.

Esta iglesia ocupa un espacio importante y predominante en la fortaleza, hasta el punto que sus anchos y altos muros forman parte de su estructura defensiva.

Saliendo de la nave y cruzando el pasillo de piedra nos trasladamos a la zona de las estancias monacales (se estableció la orden canónica agustiniana), de la que sólo se conservan los muros de piedra que conformaban la estructura de la misma:

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Toda la antigua construcción de madera se ha perdido, aunque quedan reflejados en los muros las heridas de los espacios ocupados por vigas, escaleras y disposición de las plantas.

También los calabozos se encuentran en esta planta enclavándose en una sala oscura y tétrica.

Unas escaleras nos conducen a la segunda planta del castillo. Allí se pueden observar las cocinas junto a los pabellones militares en un espacio actualmente abierto. Aún se conserva una parte de la Torre Norte, primera torre que tuvo el castillo. Estos espacios convergen en el patio de armas:

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En este mismo patio de armas, y desde el mirador de la reina se puede observar una visión paisajística excelente del valle:

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Podemos observar la actual localización del pueblo de Loarre, así como la disposición de los cultivos.

A un lado del patio de armas, se encuentra una pequeña capilla (iglesia de Santa María). Bajo el patio de armas se encuentran los aljibes del castillo, los cuales, podían contener hasta 80.000 litros de agua. El pozo del mismo es visible en una pequeña estancia central abierta dentro del patio.

Ya sólo nos queda acceder a las dos torres principales del castillo para finalizar la visita. El acceso a la Torre de la Reina nos conduce a contemplar en su planta superior uno de los tesoros románicos de este castillo: su galería con ventanas geminadas:

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Mediante el acceso por un paso exterior elevado, llegamos a la Torre del Homenaje, torre superior del castillo con 22 metros de altura y último baluarte defensivo de todo castillo medieval.

Es una visita muy recomendable para quienes quieran conocer la arquitectura militar medieval tanto en su disposición como en su concepción, así como admirar el estilo románico integrado en un edificio militar.

Un saludo desde estas líneas.

Localización:

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